Cómo reconocer si mi hijo tiene problemas emocionales

Los niños, al igual que los adultos, son también susceptibles a presentar problemas emocionales en determinados momentos de sus vidas. Su mundo emocional es diferente al de los adultos, lo que hace que a veces ellos mismos no sean conscientes de lo que les está ocurriendo. Tarea aún más complicada para el adulto que lo tiene que adivinar. Es por ello, que te dejamos una serie de claves para que la detección de problemas emocionales en los más pequeños no suponga toda una odisea.

Señales de problemas emocionales en niños

En este caso, la edad del niño será importante para determinar qué tipo de problema emocional existe, ya que no todas las emociones se desarrollan a la misma vez, ni todas son indicativas de que existe un problema; algunas son meramente evolutivas (como el miedo a la oscuridad o a ciertos estímulos desconocidos).

De manera general, algunas señales son las siguientes:

  • Cambios bruscos en el estado de ánimo: pasa de sentirse eufórico a parecer triste y apagado en poco tiempo (dentro del mismo día)
  • El niño/a se muestra desganado, no le motivan actividades que antes si lo hacía (como ir a jugar a casa de un amigo, tomar su postre favorito…)
  • Está menos charlatán y activo en general
  • Demanda más tiempo de soledad, reduce el interés en otras personas
  • Negativa a ir al cole
  • Desobedece más que antes
  • Se muestra más irritable, se enfada con mayor facilidad
  • Está más sensible, parece que todo le afecta más que antes
  • Realiza conductas que están en etapas evolutivas anteriores (vuelve a hacerse pipí, pide biberón, ya no quiere dormir solo…)
  • Problemas de sueño
  • Cambios en el apetito: come más o menos, rechaza alimentos que ya tenía incorporados…

Causas y factores de riesgo

En la infancia, son muchas las situaciones que pueden estar en el origen de problemas emocionales. Será importante revisar el contexto más inmediato del menor, es decir, familia y escuela, ya que ambos son los principales agentes socializadores y, por tanto, las principales causas de los problemas emocionales.

Así, a nivel familiar, se podría destacar especialmente:

  • Nacimiento de un nuevo hermano/a
  • Separación o divorcio de las figuras de cuidado
  • Muerte de algún familiar cercano
  • Cambio de domicilio y mudanza
  • Presenciar conflictos repetidos entre los principales cuidadores
  • Ambiente familiar tenso y/o negativo
  • Sobreprotección
  • Sobreexigencia: a veces, enfrentarse a demasiadas actividades puede generar secuelas emocionales en los menores, aunque antes no hayan aparecido.
  • Falta de límites claros: los niños necesitan unas normas que guíen su conducta; por lo tanto, ser muy permisivos y no marcar una serie de normas puede generar frustración; de igual manera, ser incoherentes con el cumplimiento de las normas (por ejemplo, definir qué está permitido y qué no en función del estado de ánimo de los padres) genera sensación de inseguridad.
  • Situaciones estresantes en las principales figuras de cuidado (por ejemplo, conflictos interpersonales, problemas laborales, presencia de algún trastorno físico o mental, problemas económicos…). Este apartado es especialmente relevante, ya que con frecuencia se tiende a pasar desapercibido. Los problemas en el adulto afectan a su estado de ánimo y por tanto, indirectamente tendrán un efecto sobre el menor (por ejemplo, papá está cansado y se enfada con más facilidad que antes, mamá pasa menos tiempo jugando conmigo…)

En la escuela, destacan los siguientes:

Estrategias para apoyar a un niño con problemas emocionales

Los niños que presentan problemas emocionales pueden experimentar cierta dificultad a la hora de expresarse y sobre todo a la hora de conocer el origen de dichas emociones. Además, la capacidad de regular las emociones no está del todo desarrollada en la infancia, por lo que tendremos que ayudarlos a regularse para que puedan ir interiorizando dichas estrategias y se conviertan en niños, y posteriormente adultos, competentes en el ámbito emocional.

Algunas estrategias que pueden ayudar son:

  1. Crea espacios para la expresión emocional. Si el niño encuentra dificultades para expresarse, puedes buscar momentos especiales, íntimos, en los que le facilites la tarea. Recuerda que los niños aprenden por modelado, por lo que es fundamental que tengan a los adultos como referentes. Puedes compartir con ellos alguna anécdota personal, poniendo el énfasis en cómo te sentiste al respecto y la solución que llevaste a cabo (por ejemplo: “el otro día me enfadé en el trabajo porque una compañera no me trató muy bien; hablé con ella y le conté que estaba enfadada).
  1. Escucha atentamente: cuando te cuente lo que le ocurre, escúchalo sin interrupciones y sin juzgar lo que está diciendo: se trata de crear un espacio seguro en el que se sienta comodidad expresando sus emociones. Evita las interrupciones innecesarias.
  1. Valida: este paso es sumamente importante. Validarlo emocionalmente implica ayudarle a ponerle nombre a lo que está sintiendo, a que explore sus emociones. Evita comparar su experiencia con la de otras personas, quitarle importancia o cambiar de tema rápidamente. Comentarios del tipo: “Bueno, no eres el único de la familia que está afectado” “A tu hermana también le pasó y se ha hecho fuerte”.
  1. Clarifica: es decir, repite lo que acabas de escuchar, de tal forma que nos aseguremos que hemos comprendido bien lo que nos decía, evitando así malentendidos en la comunicación. Por ejemplo: entonces estás triste porque te has peleado con Marta en el cole y crees que ha sido injusta contigo.
  1. Formula preguntas: indaga más sobre su experiencia, realiza preguntas que le hagan sentirse escuchado y comprendido. Por ejemplo: ¿Qué pasó antes de que os enfadarais? ¿Y cómo te sentiste en ese momento? ¿Cómo te gustaría solucionarlo?
  1. Recuérdale que estás disponible para lo que necesite. Esto implica no invadir su espacio personal, sobre todo si el niño es más mayor. Si no quiere hablar, no hay que obligarlo o forzarlo; sí ofrecer apoyo cuando lo considere necesario.

A veces los padres se sienten sumamente responsables de resolver los problemas de sus hijos, generando una sensación de frustración e incluso de incompetencia. Pero recuerda que los problemas emocionales son una parte esencial de la vida, y por tanto, son imprescindibles para el desarrollo de la inteligencia emocional, así como de estrategias de afrontamiento adecuadas.

Cómo saber si debo acudir a un profesional

  • Si tienes consciencia de que tu hijo/a esté pasando por una situación complicada que parece ser duradera en el tiempo.
  • Si aun habiendo remitido la situación estresante, sigue manifestando sintomatología emocional
  • Si no detectas la causa del malestar en el menor
  • Si los síntomas generan tal malestar que interfiere con ámbitos importantes, como el colegio o las obligaciones familiares.
  • Si te está viniendo grande la situación y necesitas ayuda profesional para poder ayudar a tu hijo.

Pilar Aguilera

Psicóloga general sanitaria en Zoraida Rodríguez Centro de Psicología

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