Cómo manejar y prevenir que los niños digan palabrotas

El lenguaje no es inocente. Es bien sabido que, gracias al lenguaje, podemos tender un puente entre nuestro mundo interno y el mundo externo. Y en ese sentido, las palabrotas son una forma de comunicación que, si bien son rechazadas socialmente, todos en algún momento de nuestra vida las hemos usado e incluso nos han ayudado a liberar tensión o a poner en palabras ciertas experiencias emocionales difíciles de gestionar.

En la infancia y en la adolescencia el uso de palabrotas forma parte de un desarrollo normal; los niños van aprendiendo nuevas palabras que escuchan de su entorno cercano, aunque algunas veces no entiendan bien lo que significan. La forma de consolidar esas palabras y de construir un significado es utilizándolas y recibiendo feedback de los demás. Por ejemplo, si han escuchado la palabra ‘por favor’ y al usarla reciben un “qué educado eres, así se piden las cosas”, el niño entenderá bien que es adecuado usar esa palabra y que va a recibir lo que pide. Con las palabrotas, la reacción que se obtiene es bien distinta: a veces, nos reímos, otras veces, castigamos. O incluso si la palabrota viene de una persona que está enfadada, podemos asustarnos y ceder a lo que esa persona pide. Y así, a través de la exposición recurrente a diferentes situaciones y reacciones a las palabrotas, los niños aprenden el asombroso poder de esta categoría especial del lenguaje.

Para qué dicen palabrotas los niños

El para qué de las palabrotas radica esencialmente en la exposición a las mismas y en la comprobación de sus efectos en los demás y en nosotros mismos. Será en función de esos efectos, que las palabrotas tengan uno u otro para qué:

  • Para rebelarse: el lenguaje que usan es algo que pueden controlar, está bajo su poder. Decir palabrotas puede ser una forma de romper con las normas que imperan en sus vidas, desde las del colegio, hasta las de casa.  Es una manifestación de libertad y de poder. 
  • Para pertenecer al grupo: cuando el grupo de referencia, especialmente en la adolescencia, comparte un lenguaje liderado por las palabrotas, sumarse a su uso puede ser una forma de sentirse aceptado y por tanto, de satisfacer la necesidad de pertenencia y de dar forma a la identidad.  
  • Para demostrar emociones fuertes y regular el dolor: cuando se está viviendo una experiencia emocional muy intensa, puede ser complicado ponerla en palabras. Hay algunos estudios que demuestran que el uso de palabrotas puede aliviar una experiencia emocional difícil y que ayudan incluso a tolerar el dolor físico. El libro de Emma Byrne, “Swearing is Good for you” ilustra más a fondo la ciencia detrás de las palabrotas. 
  • Para obtener atención: a veces, a través de las palabrotas se consigue en los demás una respuesta que nos beneficia. Seguramente, a casi todos nos resulte fácil recordar alguna escena en la que alguien no ha conseguido lo que ha querido hasta que no se ha enfadado y se ha expresado por medio de un lenguaje agresivo. No perdamos de vista que el lenguaje no es inocente y que las palabrotas pueden ser una excelente moneda de cambio. 

Estrategias para abordar el uso de palabrotas en niños

Lo más importante para abordar el uso de palabrotas en niños es la reacción que mostramos. Aquí van algunos consejos que pueden ayudar a manejar la situación:

  • Evita reirte: aunque pueda ser gracioso, cuando nos reímos después del uso de una palabrota, el niño aprenderá que es algo positivo y que genera en los demás una reacción deseable, lo que aumenta la probabilidad de que continúe usándolas. 
  • Evita darle mucha importancia (lo que incluye no regañarle en exceso). Puede que aprenda que es una buena estrategia para llamar tu atención cuando no pueda hacerlo de otra forma.
  • Explica por qué está mal usar palabrotas: normalmente nos limitamos a regañar o a ignorar, pero es importante que entiendan el verdadero significado de las palabrotas y por qué está mal utilizarlas. 
  • Ayúdale a entender por qué las dice y dale una alternativa: como se mencionaba anteriormente, a veces pueden ser una forma de regular o expresar sus emociones o de conseguir algo concreto. Enséñale alternativas para poner en palabras su mundo interno y refuerza el uso de las mismas.
  • Ingenia un sistema de coste de respuesta: al principio de la semana, dale una serie de puntos que serán canjeables por una serie de recompensas. Cada vez que diga una palabrota, se le restan los puntos que hayáis acordado. De esta forma, se le está ayudando a ser más consciente de su vocabulario y a morderse la lengua con las palabras que no son adecuadas. 

Prevención del uso de lenguaje inapropiado

No se le pueden poner al niño unos cascos aislantes que protejan sus oídos de palabras malsonantes, pero sí se puede cuidar el lenguaje que se utiliza en casa. En este sentido, es esencial que el adulto regule su propio lenguaje cuando el niño esté presente.

No basta con cuidar la forma en que nos dirigimos a él, sino también el lenguaje usado en su presencia, aunque la conversación no le incluya. Tener buenos modelos en casa es la mejor estrategia preventiva que se puede usar. Además, si sabes que el niño escucha lenguaje inapropiado en otro sitio, explícale por qué no está bien usarlo y anímale a que desarrolle su propio léxico. 

¿Cuándo buscar ayuda profesional?

Si el uso de palabrotas comienza a ser un problema para el buen desarrollo de sus relaciones sociales, va acompañado de explosiones de ira o interfiere en el clima familiar, no dudes en contactar con un profesional que pueda ayudarte a manejar la situación y a recuperar el bienestar.

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