Optimismo inteligente

La esperanza es lo último que se pierde. Si así lo decides tú. Al final esta frase no es más que una creencia: o lo crees o no lo crees, y por tanto, si la haces efectiva o no con tu actitud de cada día.

¿Cuántas veces te has esforzado por conseguir algo y sentías que se te escapaba de las manos? ¿Cuántas veces te han cerrado la puerta en las narices? O ¿cuánto tiempo llevas esperando a que se cumpla tu sueño? En esos momentos en los que lo único que apetece es dejarlo todo, recuerda: esa es la postura fácil.

Así luego podremos decirnos de forma compasiva que el destino se cebó con nosotros o que tuvimos mala suerte. Fácil, postura muy fácil. Para mí siempre queda una oportunidad más. Hasta que de verdad, de forma totalmente objetiva, no quede otra. En el deporte, acaban las ligas, las competiciones, o las temporadas; pero, en la vida, ¿cuándo sabes que ya todo ha terminado?

La esperanza es una emoción muy relacionada con el optimismo, pero siempre debemos usar el optimismo inteligente. Éste es el que acepta la realidad, que a veces… la verdad es que sí… es una realidad muy negra. El optimista inteligente es capaz de ver las dificultades en las que se encuentra, lo que ha perdido, o lo que falló, pero no hace una catástrofe de ello, no lo ve en términos de “todo ha acabado” ni permite que esa situación lo determine o etiquete (“soy un fracasado”). Y a partir, de ahí, desde esa realidad, busca un plan de acción, caminos alternativos que le lleven de nuevo hacia el objetivo perdido. O simplemente, persiste de nuevo (¿no dicen que a la tercera va la vencida?).

Si decides empezar a cultivar tu optimismo inteligente, toma nota:

  • Acepta la realidad sin juzgarte por ello. Que hoy hayas fallado no te comete en un error de persona.
  • Reevalúa el objetivo: ¿es realmente inviable o hay una oportunidad real más?
  • Analiza la situación en la que te encuentras de forma racional, objetiva: ¿qué hay que cambiar?, pero también: ¿qué ha funcionado? No magnifiques; no te dejes llevar por ese torrente de emociones negativas que tienes ahora y que no te dejan pensar claramente; ¿realmente esto es lo peor que puede pasar?, ¿hay otras vías para alcanzar lo que deseas?
  • Echa la vista atrás y recuerda lo bueno que has conseguido hasta el momento. Últimamente, una frase que uso mucho con mis deportistas y pacientes es: “lo hice, lo haré”: si en el entrenamiento eres capaz de hacerlo, ¿por qué no ahora?.
  • Coge impulso y ponte en acción: recuerda los motivos por lo que empezaste a luchar por tu objetivo, visualízate consiguiéndolo y saca aquellas emociones que empujan hasta la piedra más grande que haya en tu camino (orgullo, amor propio…).
  • Esperanza es esperar que pase algo… pero no olvides que ¡eres tú quien labra su destino!

 
Zoraida Rodríguez Vílchez
@ZoriPsicologa

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