Mejora el juego de tus jugadores: corregir errores.

Ya está bien avanzada la temporada. Nuestros jugadores, especialmente los nuevos, han tenido tiempo más que suficiente para “aterrizar” en el equipo. Los que repiten temporada también han podido adaptarse a los nuevos compañeros. Y si tú como entrenador, has estrenado equipo, ambos os habéis empezado a amoldar los unos a los otros.

Esa fase ya está pasada, y seguro que llevas tiempo “puliendo” el juego de tus futbolistas, indicando qué movimientos, qué técnica o qué acciones tácticas deben corregir.

A todos nos han hablado numerosas veces de la eficacia del refuerzo. Pero hacer mejorar al equipo y generar un buen ambiente, no implica que te conviertas en el entrenador-colega que continuamente diga qué bien está todo y qué bien juegan tus chicos/as. Ni de lejos.

El cambio empieza desde dentro y asumiendo cada uno qué se hace mal y qué se puede mejorar. Aquí tienes una serie de consejos para hacer crecer a tu equipo:

  1. Cuando hacemos una crítica, aunque sea constructiva, siempre es mejor recibida si el ambiente en el que se genera es agradable y si hay confianza entre las dos personas. Por tanto, cuida el clima que hay en tu vestuario, muéstrate como una persona accesible, en la que se puede confiar, recuerda detalles personales de tus jugadores (por ejemplo, si ayer comentaron que su hija estaba con fiebre, pregúntale hoy cómo se encuentra) y fomenta el buen ambiente.
  2. Señala el error sin carga de juicios de valor o etiquetas: nadie es inútil, ni imbécil, ni no se entera de nada. Simplemente, se ha cometido una conducta errónea.
  3. No hubiera estado mal si al principio de la temporada has aclarado cuáles son tus expectativas hacia el grupo y hacia cada uno de los jugadores. Cuando los jugadores saben lo que se espera de ellos, es más fácil que amolden su conducta y la enfoquen hacia ese fin. Si no lo has hecho, ¡no es tarde! Explícaselo a tus jugadores y diles, que para conseguir esos objetivos, utilizarás esa crítica constructiva para señalar qué aspectos pueden mejorar.
  4. No hables de errores, fallos, como acabamos de mencionar; es mejor siempre plantearlo en término positivos: qué hubiera estado mejor, qué se puede mejorar o hasta dónde pueden llegar (por ejemplo, en lugar de decir “no llegaste al balón”, podemos decir “anticípate a la jugada para llegar a tiempo”).
  5. Indica qué está mal y señala cómo pueden cambiarlo. Incluso, pregúntale a tus jugadores cómo creen que pueden hacerlo. Las decisiones consensuadas se acatan con mayor facilidad y rapidez. Si tus jugadores son aún muy jóvenes o son niños, no des por hecho de que no entienden. Pregúntales a ellos qué deberían cambiar en esa jugada, y rétales a que asuman ese compromiso.
  6. No pretendas que tus jugadores cambien mil cosas a la vez. La mente se hace un lio. Señala los errores más importantes o los más fáciles de cambiar, según te convenga, y avanza poco a poco.
  7. No tienes que volverte super-insistente: los jugadores, una vez que le has señalado lo que deben cambiar lo saben. Funciona mejor, si vuelven a cometerlo, qué les preguntes tú qué ha pasado en esa jugada en lugar de formarles la “bronca del siglo”.
  8. Refuerza y premia si tus jugadores incorporan el cambio. Refuérzalo durante un tiempo, no eternamente para que no se acostumbren a hacerlo para conseguir una alabanza.
  9. Ignora aquellas conductas que no estén dirigidas hacia la consecución del cambio. Especialmente, cuando trabajamos con los más jóvenes, el que les regañemos, gritemos… es, en definitiva, una forma de prestarles atención, y eso es muchas veces lo que buscan.
  10. Si crees que realmente el jugador ha entendido el cambio y has aplicado las recomendaciones anteriores pero no cambia nada de su conducta, igual sí que puedes plantearte el castigo. Pero nunca lo cojas como primea opción. Está demostrado que el refuerzo positivo siempre funciona mejor.

¡Ánimo con vuestros cambios!
 
Zoraida Rodríguez
Psicóloga Deportiva.
@ZoriPsicologa

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