La desventaja de ser humano

Llorar es una explosión emocional, consecuencia del estrés, la presión, la impotencia y la tristeza. El cóctel molotov que sufrió ayer Federer. Figura dónde las haya, moderado, controlado, haciendo gala de suizo, siempre comedido, un ejemplo de humildad y prudencia para los chavales. Pero ayer afloró el factor humano. Federer es humano, y no la máquina perfecta de un reloj suizo, es persona.

El hándicap de mostrarse humano ante un robot como Nadal es más peligroso de lo que Federer haya podido imaginar nunca. Cuando expresas verbalmente o a través de tus gestos, tu ira, tu decepción o tu malestar, estás mostrando a tu rival tus debilidades.

Si muestras tus debilidades, el rival se sentirá superior, creerá que estás perdiendo los papeles y tomará aún más el control sobre el partido. Se crecerá y empezará a jugar mejor, a sentirse vencedor mucho antes de que llegue la bola de partido, se esforzará más. Tu explosión emocional no habrá hecho más que incentivarlo para acabar contigo antes de lo previsto.

Mientras estás en la cancha, el genio, el talento, necesita mostrarse frío y calculador, inmune a las circunstancias, porque quien muestra sus debilidades tiene todas las papeletas de perder la batalla. Federer dio ayer más información sobre sí mismo de la que Nadal necesitaba. Para ser el número 1 ya no basta con jugar de forma cuasi perfecta, ni tener la mejor preparación física. Para ser el número uno se necesita tener el mejor de los liderazgos y mostrar la imagen de fortaleza y vigor de quien se sabe ganador de una batalla.

La próxima vez que se enfrenten, Nadal tendrá a su favor: la clasificación, el recuerdo de sus últimas 5 victorias frente a su único rival… y la fragilidad de quien ayer se convirtió en humano.

 
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Patricia Ramírez
Zoraida Rodríguez
Psicólogas deportivas

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