Vivir con incertidumbre

La incertidumbre es una de las emociones que peor sabemos llevar las personas. Ese querer saber qué va a pasar y no tener respuesta se convierte en una obsesión que a muchos, nos quita el sueño. Estamos en plena época de fichajes, de renovaciones, de altas y de bajas en el mundo del deporte y muchos jugadores probablemente estén experimentando esta desagradable emoción.

¿Por qué necesitamos vivir con certidumbre? Las personas nos sentimos seguras cuando podemos predecir qué va a ocurrir y anticipar qué pasará después. La información y el conocimiento nos dan tranquilidad. Si viviéramos en un mundo en el que todo es impredecible, en el que no existen leyes, reglas, patrones o consecuencias, viviríamos siempre en alerta. Salir a pasear a la calle sabiendo que de repente no van a llover piedras, hace sentirse seguro, ¿no crees? Quizás es algo exagerado, pero si no fuera así tendríamos que estar preocupados de que a la vuelta de cualquier esquina podría acecharnos algún peligro. Y al final, los seres humanos, tendemos a buscar nuestra zona de confort, donde nos sentimos seguros, sabiendo lo que va a ocurrir.

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Esta necesidad de control nos viene de nuestros antepasados: tener todo controlado les ayudó a sobrevivir. Era más inteligente no adentrarse en un oscuro bosque en el que no sabían que fiera les podía estar esperando, o no arriesgarse probando esa apetitosa baya que no sabían si sería venenosa. Buscar lo conocido y lo esperable nos ha traído buena cuenta. Cuando teníamos que arriesgar nuestro cerebro encendía el botón de peligro y no dejaba de recordarte una y otra vez “ten cuidado”, “abre bien los ojos”, “¡atento que te puede pasar algo malo!” y funcionaba. Agotador, pero funcionaba.

Este recordatorio constante quizás nos puede de ser ayuda si nos dejamos la comida en el fuego o nuestro hijo juega solo en la orilla del mar: que tu cerebro te haga echarles un vistazo de vez en cuando es, sin duda, positivo. Te ocupas del asunto y ya está. El problema viene cuando tu mente no deja de decirte que tienes un problema sin solucionar y es algo importante para ti: “¿me renovarán?, ¿y si no encuentro equipo?, ¿contará este nuevo entrenador conmigo?”. Estos pensamientos te torpedean durante todo el día, te acompañan hasta que el sueño te vence bien entrada la noche y claro está, te invade la ansiedad. ¿Pero sirve de algo estar con esta preocupación constante? El caso es que este asunto no depende directamente de ti y solo te queda esperar a ver acontecimientos. Existen problemas de los que te puedes ocupar y otros, que como mucho, puedes insistirle a otros a ver si la situación se resuelve. Cuando ya no está en nuestra mano solo nos queda tolerar esa incertidumbre. Tendemos a luchar contra ella cual verdadera enemiga, pero es que no hay forma de derrotarla, ¿verdad? Quizás esta solución tampoco sea sencilla, pero… ¿y si le haces un ladito en tu sofá y te acompaña a la espera de que todo se resuelva? Aprender a vivir con incertidumbre puede ser la solución.
 
Zoraida Rodríguez Vílchez
@ZoriPsicologa para IDEAL GRANADA

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