Me siento mal y no sé por qué

Cuando no sabes qué te pasa, pero no estás bien.

No sé si te ha pasado, pero en ocasiones tengo momentos en los que, sin una razón clara, simplemente no estoy bien. No hay una gran tragedia detrás, ni un evento traumático reciente… pero algo dentro no está funcionando como antes. A veces esta sensación aparece poco a poco y, otras, de repente. De una manera u otra, es suficiente para prestarle atención, ya que, sea lo que sea, sé que algo no va bien.

¿Te sientes raro, apagado o desconectado y no sabes por qué?

Tal vez te ha pasado que te encuentras a ti misma haciendo todo lo que “tienes que hacer” durante el día, con el piloto automático encendido, sin disfrutar ni conectar. Quizás has dejado de ilusionarte por cosas que antes te encantaban o sientes que estás dentro de una niebla, emocionalmente plana, desconectado de los demás… incluso de ti misma.

Estas sensaciones son más comunes de lo que creemos, aunque suelen generar mucho malestar. Lo que encontramos que es más complicado, es el no tener una causa concreta. Seguimos con nuestro día a día sin pararnos a escuchar por qué nos sentimos así, minimizando esas sensaciones y emociones. Incluso a veces, puede aparecer la culpa y exigencia: “no debería sentirme así”. Pero estar “rara” o apagada no significa que estés inventando lo que sientes.

Señales comunes de malestar emocional que solemos ignorar.

A menudo, el cuerpo y la mente nos envían señales antes de que podamos poner en palabras lo que nos pasa. Algunas de ellas son:

  • Cansancio constante, aunque duermas bien.
  • Falta de motivación o interés por las cosas cotidianas.
  • Irritabilidad sin motivo aparente.
  • Problemas de concentración.
  • Cambios en el apetito o el sueño.
  • Sensación de vacío o tristeza sin una razón clara.

Estas señales no siempre son evidentes, y muchas veces las atribuimos al estrés, al trabajo o a “una mala racha”. Pero si persisten, es importante escucharlas.

¿Por qué puede pasarnos esto? Causas posibles. 

El malestar emocional puede aparecer por muchas razones, y no siempre somos conscientes de ellas. Algunas causas frecuentes incluyen:

  • Acumulación de pequeños estresores diarios.
  • Cansancio emocional o mental sostenido en el tiempo.
  • Dificultades para expresar lo que sentimos.
  • Expectativas personales muy altas o autoexigencia.
  • Desconexión con nuestras propias necesidades.
  • Procesos internos no resueltos que van saliendo poco a poco.

Entendemos desde terapia, que el malestar no tiene un único origen, si no que tiene raíces en distintas áreas: lo emocional, lo corporal, lo cognitivo, lo relacional… y que todo está interconectado. A veces, el cuerpo grita lo que la mente no sabe decir.

No necesitas tener una “gran razón” para pedir ayuda.

Esto es un gran mito – y bastante dañino – acerca de la terapia: la terapia es necesaria a partir de que “tocamos fondo” (nada más lejos de la realidad). No hace falta tener un diagnóstico, ni una historia traumática, ni una razón concreta para buscar ayuda. Sentirte mal ya es motivo suficiente. Es una forma de autocuidado que grita: “lo que siento, importa”. 

Qué puede ayudarte a empezar a sentirte mejor.

Si te has sentido identificada con algunas cosas que has leído, aquí van algunas ideas que pueden ayudarte a empezar a reconectar contigo:

  • Dale un nombre a lo que sientes. Escribir o hablar con alguien de confianza puede ayudarte a identificar tus emociones.
  • Escucha tu cuerpo. ¿Qué te está pidiendo? ¿Descanso, movimiento, contacto, silencio?
  • Busca momentos de conexión. Con personas, con la naturaleza, con tus propios intereses.
  • Permítete sentir sin juzgar. No tienes que estar bien todo el tiempo.
  • Considera pedir ayuda profesional. Un acompañamiento terapéutico puede ser un espacio seguro para explorar lo que te pasa y empezar a construir bienestar desde dentro.

Recuerda: no estás sola/o, y lo que sientes tiene un sentido, aunque ahora mismo no lo veas con claridad. Y si necesitas un lugar donde poder entenderte mejor y empezar a cuidarte, estamos aquí para acompañarte.

No sabes qué te pasa, pero no estás bien.

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