Al miedo se le vence de frente

Esa es la única forma que funciona y el resto de estrategias son una manera de engañarte. Más claro, el agua. El miedo es un enemigo muy listo que cuanto más te escondes, más rápido te encuentra y peor te lo hace pasar.

Futbolistas que tienen miedo a volver a lesionarse, atletas que abandonaron en una carrera, jugadores que fallaron ese tiro de 3 puntos que salvaría al equipo o tú, como yo, que nos enfrentamos día a día a nuestros trabajos y los retos que estos nos presentan. El miedo está presente en casi todos nosotros, tengamos motivos mayores o más triviales. Y para librarse de él sólo hay una forma.

¿Por qué aparecen los miedos?

  • Puede que en tu caso, hayas vivido una mala experiencia: si fallaste en una competición muy importante, cuando llega el momento de volver a enfrentarte a la situación, te invaden los recuerdos de aquel momento. No es plato de buen gusto volver a hacerlo mal, fallarte a ti mismo o a los demás, si esa es tu percepción…
  • Porque los has aprendido. Las personas que nos rodean nos enseñan cómo es el mundo, nos cuenta sus experiencias: desde los padres, entrenadores, compañeros o amigos… todos hablan en alguna ocasión de “ten cuidado con esto”, “sería terrible fracasar en esto otro” o “a mí me pasó y fue terrible” y van generando la idea en nosotros de que esa situación es peligrosa y debemos temerla. Da igual que hablemos de conducir, de una lesión o de un partido de liga. El miedo también se aprende a través de la observación: si has visto a una compañera de gimnasia completamente bloqueada en el tapiz, es fácil que por tu cabeza pase “¿y si me ocurre lo mismo a mí?”.
  • Porque tu cabeza te lo ha hecho creer así. Nuestra mente nos hace creer a veces cosas que no son, aumentar los peligros que percibes de una situación o que atiendas solo a la información que confirma tu miedo. Algo en tu interior te dice “puede que no pase nada pero y si sí ocurre… sería terrible”. Y entonces, te paralizas y empieza el mecanismo de evitación.

Sea cual sea el inicio, lo que has de tener claro es que todos siguen el mismo patrón: empiezan con un leve cosquilleo que te invade y pueden acabar en una evitación total de aquellas situaciones a las que temes, o incluso, generalizarlas. Porque una vez que empiezas a poner excusas para no enfrentarte a tu miedo, éste se va haciendo cada vez más grande, pues no le das oportunidad a la vida de llevarte la contraria, no te pones en una situación en la que tú mismo puedas ver que, quizás, no tenías por qué temer. Igual no fue agradable, pero no fue lo peor que podía pasar. Al miedo se le vence de frente. Deja de buscar posibilidades y excusas y míralo a la cara, porque si no, te perseguirá siempre.

Zoraida Rodríguez Vílchez

@ZoriPsicologa para IDEAL Granada

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